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| Bancos ¿nuestros aliados? |
Hola amigos, hola amigas:
Hoy me he puesto delante del ordenador para escribir una entrada en este blog que tenía pensada hacía días, pero al escribir la primera palabra me he quedado en blanco. A veces recuerdas las malas experiencias, lo hechos que son dolorosos nos cuesta un montón y nuestro cerebro abandona en el último cajón todo lo que no nos gusta saber.
Esta semana he tenido que ir al banco con mis hijas, una de ellas menor de edad, querían poner por fin en orden las cuentas que tenían cuando eran pequeñas, una de ellas todavía es menor de edad por este motivo la visita al banco duró una hora y aún así la pequeña de mis hijas no consiguió lo que quería, porque el titular que consta en la cuenta junto a ella es su padre, hace como más de tres años que no sabemos nada de él, y aunque yo sea la tutora legal, ni yo ni ella por ser menor podemos hacer nada. Menos mal que las deudas de su padre no han afectado a esa cuenta de momento, si no en el futuro podría tener problemas. Las deudas que contraemos con los bancos son difíciles de manejar y más si intervienen de forma activa nuestros sentimiento.
Lo que quería contaros es cómo en demasiadas ocasiones es mejor no perder la calma y tener una actitud positiva o como mínimo no intentar enojarnos por situaciones que nos son adversas. Es difícil mantener la mente fría y lógica cuando estás viendo una injusticia hacia un ser querido como es tu hija o hijo. Nosotros en el banco sólo queríamos poder disponer de un dinero que era de mi hija porque yo anteriormente hice el ingreso, sin recordarme quién era el segundo titular, pensé, en mi ignorancia de los detalles legales bancarios, que al ir a su nombre la cuenta podría disponer de ese dinero sin problema, un dinero que era necesario para sus estudios, estaba destinado a pagar la matrícula y los libros de la escuela. Cuando el oficinista del banco me dijo que ese dinero no se podía tocar hasta que la niña no cumpliera la mayoría de edad, y para eso faltaban dos años todavía, no había nada que hacer, la cuenta seguiría allí trabajando para el banco, sin que no pudiéramos tocar ni un céntimo, en ese momento mi cerebro estalló en miles de ideas, y ninguna de ellas con final feliz para el pobre oficinista, ni para la sucursal del banco, ni para el padre de mi hija. La injusticia y la desesperación hicieron que mi sangre hirviera, suerte de tener a mi hija al lado, no quería que su educación se "mal-lograra" por una madre energúmena llena de rabia, Así que en el paréntesis de tiempo en que el pobre cajero del banco introducía datos en el ordenador para asegurar lo que nos estaba diciendo, recordé en un flash algo que alguien me había dicho en algún momento de mi vida, la amabilidad abre puertas, así que toda la rabia de mi interior fue dirigida a crear toda la amabilidad y paciencia que pude y con tono calmado expliqué, al cajero mis motivo para necesitar ese dinero urgente, él con cara de circunstancias y de querer entender por lo que estaba pasando se dirigió al director de la sucursal bancaria, con el que volví a expresar mi petición, y el cual me volvió a remitir que no se podía hacer nada en esta ocasión.
En este punto mis nervios se alteraron, pero intenté tener calma y reconducir la situación de la mejor manera posible aceptando las circunstancias, no siempre sale bien todo lo que hacemos. Al ver el director del banco mi frustración pero mi aceptación, se quedó pensativo unos momentos, creo que todos somos personas y algo en su mente ideó una solución al problema, con sus conocimientos de banca y de su entidad comentó que había una tarjeta para estudiantes que podía abrir otra cuenta en la que el padre de la niña no tuviera nada que ver y utilizar la tarjeta estudiantil para el propósito que deseábamos, así lo hicimos, abrimos la cuenta con la tarjeta estudiantil y pedimos una beca de estudios. La beca no fue inmediata, yo tuve que poner otra vez el dinero en la nueva cuenta, pero... el no perder la calma nos ofreció la oportunidad de tener otra cuenta y poder pedir una beca, cosa que si hubiera actuado tal y como mis sentimientos primarios me decían que debía comportarme no hubiese ocurrido porque tanto el cajero como el director del banco se hubiesen también enfadado por mi actitud violenta o de ofensa y no me hubieran informado de las alternativa.
¿Qué quiero mostraros con esta anécdota?, pues, que a veces no perder la calma conlleva a recibir mejor la información que se nos da, a escuchar a la otra persona que nos habla y hacernos entender mejor las oportunidades que de otra forma se perderían entre la ira y la furia.
Ya sé que es muy difícil mantener la calma en ciertas circunstancias, pero es necesario, cuando intuyamos que algo es difícil tenemos que prepararnos mentalmente para afrontar las adversidades y los malos momentos, si le damos una vuelta a lo que nos está ocurriendo sacaremos mucho más provecho que si nos abandonamos a nuestros instintos.
Sobre todo hay que informarse de todo en economía si queremos salir con éxito en la vida y conseguir una buena relación con el dinero, es difícil conseguir cierto tipo de información pero sin ella podemos perdernos muchas oportunidades, y esto vale para todo tipo de situaciones relacionadas con el dinero y con todo en la vida.
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